El corredor de fondo sabe que cuando participa en una carrera
es uno más entre cientos, entre miles, y sabe que además debe preocuparse de
lograr sus objetivos, también debe evitar causar molestias que vayan en
perjuicio de otros.
Por supuesto comprende que debe pagar su dorsal, es decir
aportar recursos necesarios para que se presten servicios que a todos
benefician. Quien no aporta es un aprovechado, un gorrón, que saca partido del
pago que otros hacen. No contribuye pero disfruta de lo que otros han pagado.
Quien nada aporta además pierde todo derecho a quejarse del mal empleo de los
recursos.
Antes de empezar a correr, debe situarse en el cajón
adecuado, ya que si todos, conscientes de su estado y facultades, ocupan el
lugar que les corresponde, nadie resulta perjudicado. Tiene claro que no se
deben obstaculizar los logros de quienes están mejor preparados, por tener
mejores condiciones, por haber trabajado más o por ambos factores a la vez.
Piensa que quien se justifica diciendo que otros también lo hacen, se convierte
en parte del problema, impidiendo una solución que a todos beneficiaría.
Sabe que en los avituallamientos no debe cruzarse y debe
tirar en los lugares adecuados botellas, vasos, plásticos de los geles o restos
de frutas en cualquier caso fuera del recorrido. Entiende que debe respetar el
espacio común, pues de lo contrario puede causar daños a aquellos con quienes comparte
recorrido, y además, en lo posible debe manchar lo menos posible la ciudad que
se pone a su disposición. Quien tiene en consideración a los demás no duda en
realizar ese mínimo esfuerzo, pero quien para nada piensa en el resto ni
siquiera se plantea que su comportamiento puede causar daños.
El corredor de fondo entiende que debe cumplir las normas de
la carrera y respetar el recorrido; nunca buscar atajos. Piensa que quien hace
trampas además de engañarse a sí mismo pretendiendo engañar a otros, devalúa el
resultado de los demás. Para él, quien pretende sacar ventaja no cumpliendo las
reglas que todos han aceptado para participar, y que la mayoría respetan, no es
un listo sino un aprovechado, y su comportamiento debe ser rechazado y
reprendido por el grupo.
El corredor de fondo, por supuesto, siente más afinidad por
los corredores con los que entrena y que llevan su misma camiseta, pero sabe
que debe respetar por igual a todos los demás. Comparte espacio y tiempo con personas muy
diferentes con objetivos muy distintos y maneras de afrontar el recorrido muy
diversas, pero cuyas motivaciones son esencia similares (superación, orgullo,
reconocimiento, búsqueda de emociones y sensaciones…) como también similares
son las dificultades que tienen que afrontar. Pueden ser más o menos poderosos,
pero todos tienen fragilidades. También sabe que formar parte de un grupo
numeroso no le da ningún derecho para entorpecer el camino de otros.
El corredor de fondo no sabe si obtendrá resultado, si su
comportamiento será apreciado e imitado. Le gustaría sí, claro, pero no es ese
el impulso a actuar. El se esfuerza por la apremiante necesidad de seguir
adelante. Concentrado en la necesidad de avanzar, se preocupa de que cada paso
que da se dirija en la dirección correcta.
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