El corredor de fondo a veces se siente muy bien preparado
para una carrera. Está convencido de que puede cumplir sus objetivos, de que
todo va a ir mejor que nunca. Ha imaginado ese día, ha anticipado el éxito. Se
ha visto entrando en meta, el cronómetro marcando su mejor marca, alegre,
triunfante. Ha pensado incluso cual será su gesto de victoria o a quien
agradecer el resultado.
Sin embargo puede que desde el inicio la carrera no vaya
como esperaba. Puede suceder que el corredor sienta que le cuesta mucho
esfuerzo alcanzar un ritmo al que pensaba llegar con cierta comodidad. Esto
puede deberse a muchos motivos: algo tan indefinido y tan real como un mal día,
haber sobreentrenado y haber llegado más cansado de lo que debería, no haber
dormido bien…O puede que el problema esté en su cabeza.
Es posible que lo único que le ocurra es que ha creado unas
expectativas imposibles de alcanzar y al verse por debajo de ellas, empieza a
sentir malestar, nerviosismo, desánimo. En un proceso que se alimenta a sí
mismo, pues el desánimo hace que reduzca el ritmo y eso provoca un aumento del
desánimo. Tal vez haya sobreestimado su capacidad o su estado de forma, o quizá
el error se deba a que no ha tenido en cuenta en sus ensoñaciones el trabajo
que eso le iba a suponer. Está en condiciones de alcanzar su mejor rendimiento
pero ha olvidado que para ello debe esforzarse tanto o más de lo que nunca lo
ha hecho.
El corrredor de fondo debe evitar que la decepción le
domine, especialmente cuando la causa una historia imposible de materializar en
la realidad tal y como ha sido imaginada. No puede dejar pasar oportunidades
por no alcanzar lo pretendido con una facilidad que sólo se puede dar en el
ideal.
La realidad es un material muy duro de trabajar, cuesta
mucho amoldarlo y convertido en aquello que hemos soñado. Un material que además
no es nada estable. A diferencia de los sueños que permanecen estáticos y se
pueden reproducir en la mente tantas veces como queramos, la realidad tiende
siempre al movimiento. Creemos que la hemos transformado a nuestro antojo, nos relajamos,
confiados, un instante, y de repente la ilusión se desmorona y vuelve a la
situación de partida o una peor. Cuesta mucho estuerzo conservar un sueño en la
realidad y a veces ni con la mayor entrega se puede conseguir.La realidad es
incómoda, exigente, frustrante, injusta, cruel…Nos golpea cuando esperamos una
caricia.
Pero el corredor de fondo no debe quejarse de la dureza del
recorrido, ni siquiera aunque esa dureza sea inesperada. Si da lo mejor de sí,
puede conseguir lo que pretende aunque sea con mayor sufrimiento del previsto.
Y aunque no lo consiga, descubrirá que la realidad, es mucho más rica que los
sueños. Proporciona mucho más que lo que es capaz de producir la más fertil de
las imaginaciones. Además adereza su sabor con sensaciones. Superando los retos
que le presenta el recorrido real, el corredor de fondo acumula experiencias y
conocimiento, y encuentra material para nuevos sueños.
El corredor de fondo necesita de sueños que le impulsen a
alcanzar metas, pero su vida está formada por cada uno de los metros que
recorre para llegar a ellas.
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