MARATÓN DE VALENCIA 2012
El perezoso ya ha corrido la maratón. Está contento, está muy satisfecho, está orgulloso de lo que ha hecho y de cómo lo ha hecho. Sería difícil que todo funcionara tan bien en la carrera si se volviese a repetir. Pero al perezoso, la verdad, le gustaría que volviera a ser domingo por la mañana para poder volver a vivirla, volver a tener esas sensaciones, volver a sentir esas emociones de una forma más intensa de lo que el recuerdo le permite. Porque hasta una maratón, cuando ya es parte de la memoria, pasa demasiado rápido.
Pasa demasiado rápido…ha sido tanto tiempo pensando en ella, imaginándola, preparándonos para estar a la altura de lo que ella nos pide…Repaso mis crónicas, mis publicaciones de facebook. Ya el 15 de mayo, confesaba y asumía, que para mí no había salvación posible, que ya era parte de una secta. Se iniciaba un camino sin retorno. Ya entonces mi más cercana compañera en esa aventura me advertía de que mi vida estos meses sería correr, correr y correr. Ya entonces, aquel con el comparto la visión espiritual y filosófica de la materia me recibía en la hermandad maratoniana, en calidad de novicio claro.
Fue 11 de Julio cuando formalizamos nuestro compromiso. Ese día me apunté a Valencia. Ese día expresé mi ilusión. Adivinaba como dije aquella fecha, que viviría la experiencia de una manera personal y profunda, aunque entonces no sabía cuales sería los efectos y los estados por los que pasaría. Me decía entonces la que ya era mi amiga y ahora lo es más, que éramos un gran team. Y lo hemos sido, ahora podemos celebrar el éxito. Yo te he apoyado con sumo gusto, y tú me has dado ejemplares lecciones de coraje y entusiasmo. Compartimos el primer kilómetro de los últimos 42 del maratón, y todos los anteriores, porque el recorrido del maratón es mucho más largo, se inicia con el primer paso que se dan pensando en la meta. De lo extenso que puede ser todo el recorrido previo a un nuevo inicio quién más puede saber es Chema, con quien también es un honor compartir ese primer kilómetro final. Antonio el otro valiente maratoniano, salió más adelante, que es donde le corresponde estar. ¡Qué envidiable capacidad la suya, y que admirable su esfuerzo para sacarle partido!
Me introduje con calma en el inicio de la carrera. Después de la ansiedad de los días previos, de los nervios incontrolados deseando empezar a correr, de miles de consultas a las páginas del tiempo, de temer a la lluvia y el viento, ahora estando ya en marcha, con un día estupendo, era momento de disfrutarlo, de sentirse bien. Ya era otra vez un hombre tranquilo; estaba haciendo algo que me gusta, en un ambiente magnífico, y convirtiendo en realidad una bella ilusión.
La duración del maratón permite vivir en ella diferentes fases, historias dentro de la historia. La primera de ellas los diez primeros kilómetros estuvo dedicada a la prudencia. Para que no hubiera desgaste en ellos. Para que no surgiera ninguna mala sensación, ninguna molestia con la que tener un larguísimo combate. Tan solo ir pensando que ya se estaba haciendo, y que se iba a lograr. Tener la mente alegre y sacar todo el partido de la situación.
Del 10 al 30 los dediqué a sentir lo emocionante que puede ser un esfuerzo cuando se realiza en la búsqueda de un hermoso objetivo. Todo el trabajo de estos últimos meses, todos los ejercicios de voluntad, toda la disciplina autoimpuesta estos meses, merecían que me entregara por completo en la carrera. Sin locuras, sin pretender más de lo que se puede, pero sin dejar de hacer lo que sí es posible. Fui acelerando un poco y vi que me iba encontrando bien que todo funcionaba, que podía no solo lograr acabar sino también en el tiempo en que yo creía que era capaz. Y ese es una gran sensación. Tanto que uno se llega a emocionar oyendo la música de carros de fuego que sonaba en algunos puntos del recorrido. O sonríe escuchando otro tipo de músicas más castizas, o cuando ve a gente disfrazada viendo la carrera, o a grupos de extranjeros uniformados animando a todos mientras esperan a los suyos.
Tan bueno en ese estado, tanta armonía hay entre la mente que pide y dirige, sin exigir demasiado y con un bello propósito, y el cuerpo que responda, tanta es la sensación de control, de ser capaz de lograr lo que se pretende, que confieso que en el 26 que me vino a la mente un pensamiento, que tiene algo de condena: “quizá haya nacido para esto”.
Ya en el 30, entre en terreno desconocido, fue esa para mí la fase en la que el maratón se reveló como es. El cansancio que hasta entonces apenas había enviado señales, se presentó sin avisar. Era algo nuevo ese cansancio, que parecía ser un mensaje del cuerpo “ya ha sido suficiente, te he dado lo que me has pedido pero necesito descansar”. Entonces podía haber decaído, podían haber aparecido los malos pensamientos, la flaqueza. Pero entonces llego el rescate. Juan, ya hacía meses que había anunciado el mandamiento de ayudar a los maratonianos debutantes, y allí estaba en el 31 cumpliéndolo. Y junto a él su amigo Álvaro. Agradezco muchísimo las palabras de ánimo que me dieron, pero sobre todo, el simple pero importantísimo hecho de que me acompañaran. Cuando uno es frágil y se puede convertir en su enemigo, es magnífico no estar solo para no quedar atrapado en un mundo interior que le podría hacer daño.
No sentí ningún fuerte dolor, no tuve ninguna lesión que superar. Solo tuve que vencer al cansancio para mantener el mejor ritmo que podía llevar. Mi mérito no fui muy espectacular, no fue dramático. Mi gran mérito ha sido lograr estar bien preparado y tener cabeza para lograr un resultado cercano a mi máximo sin morir en el intento.
Y llegó el 41. Mis acompañantes ya no podían seguirme, tampoco debían hacerlo. Era mi momento, llegaba el final….
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