Empecemos por el final: la meta. Un maratón se inicia cuando
uno, con seriedad, sobrio y en pleno dominio de sus facultades decide que va a
correr un maratón.
Pero no como un pensamiento abstracto. No voy a correr algún
maratón alguna vez en la vida. No, si lo planteamos así, es probable que no encontremos
ocasión favorable, ni aun cuando se organice un maratón cuesta abajo con salida
enfrente de nuestra casa. No, cuando de verdad nos sentimos decididos a
hacerlo, conscientes, al menos en parte, del esfuerzo que supondrá.
No es fácil ser del todo consciente cuando se decide por
primera vez, en mi caso en Mayo de 2012, cuando me dije, y me pareció que lo
decía con convencimiento, voy a correr el maratón de Valencia el 18 de
Noviembre. Cuando con firmeza, y sin que apenas me temblara el pulso, pulsé el
ratón confirmando la inscripción. Es uno de esos instantes, en los que uno se
crece, en los que uno se imagina mirando al horizonte con una sonrisa
orgullosa, con la capa del supertraje agitándose al viento, mientras suena una
música épica.
Aunque ya era un corredor habitual, cuando ya era normal que
corriera tres días en una semana, y había terminado varias medias maratones, no
suponía todo lo que implicaba la preparación de un maratón.
Sí sabía que maratón era para mí una palabra poderosa, con
fuerza, digna del mayor de los respetos. Sí, también, la satisfacción que supondría
terminarla. Ya había experimentado lo agradecido que puede ser el correr, las
recompensas que proporciona cuando uno le da mucho. Ya sabía que correr era
parecido tener una relación con alguien exigente, que requiere mucho tiempo y
cuidados, que nos causa dolores y alguna preocupación, pero que también nos
proporciona momentos memorables y nos hace sentir bien. Yo pretendía que llevar
ese relación a otro nivel, imaginando que las recompensar iban a multiplicar su
intensidad. Y no estaba equivocado, pero no tenía tan claro lo mandón que se me
iba a poner el maratón. Cómo llegaba a apropiarse de gran parte de mis días. Claro,
una se ciega pensando en el momento culminante, mágico, y se olvida de
obligaciones y deberes.
Ese momento mágico, ese triunfo imaginado, esa ilusión, va a
tirar a nosotros desde el futuro. Nos va a dar motivación y apoyo cuando haya
sinsabores. Imaginarnos alcanzando la gloria, siendo el héroe que supera todos
las dificultades, y mostrando una sorprendente fortaleza, que permite alcanzar
un poderoso final, un clímax lleno de emoción, en el que un flash back de un
niño gordito corriendo con mucha dificultad se transforma en un plano de un hombre
delgado con rostro triunfante (acentuado de nuevo con música épica para causar
más emoción).
Nos gusta tener un final que ilusione. Eso le da sentido y
colorido a todos los actos, y van a ser muchos, que hacemos para alcanzarlo, y
agrupa todos esos actos en un proceso de lucha y mejora que nos enorgullece. Una
historia de superación que nos sentimos bien protagonizando. De tal modo que
aun cuando no llegará el final esperado, la lucha en sí habría valido la pena,
y el tiempo dedicado a ella se considera bien aprovechado.
El balance final de mis experiencias maratonianas, ha sido muy
bueno, lo que justifica que haya vuelto a tomar esa decisión hasta cinco veces
más. Cinco experiencias distintas y enriquecedoras que espero que sean mucha
más porque aún me quedan muchas ganas y muchos escenarios muy atractivos en los
que correr.
En la elección del lugar y el momento influyen varios
aspectos, más aun cuando, como en este caso, es una decisión de grupo. Valencia
es siempre una buena opción por recorrido, fecha, por no estar demasiado lejos
de Madrid…y en mi caso, porque evoca esa primera maratón, que no tiene por qué
ser la mejor ni la más especial, pero que provocó sensaciones diferentes a las
otras. Esos nervios del primerizo son algo distintos a los del resto de las
salidas. Esa primera vez que se llega al kilómetro 30, con dudas, sin
referencias, sin nada con lo que comparar…Y luego el 40, la primera vez que se
sabe que sí, se va a conseguir, y la primera meta de maratón…esa meta que en
Valencia es muy bonita.
La decisión fue tomada hace un tiempo y confirmada con la
inscripción en Junio. Así que reviviremos esa primera maratón que fue una gran
experiencia, en la que todo salió bien. Y tratando de realizar una buena preparación espero que al menos en el
tiempo final la pueda mejorar. En cualquier caso será otra gran historia que contar.
Una historia que ya ha empezado porque el recorrido de un maratón es algo mucho
más largo que los 42 kilómetros y 195 metros a los que, de nuevo, me propongo
vencer.
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