¿Ha habido alguna vez tanta información deportiva? En todos
los medios ocupa cada vez más espacio. Sirve para aliviar la molestia que
provoca la digestión del resto de noticias. Pero ese gran espacio no supone
gran variedad.
El fútbol ataca sin descanso, y apenas deja huecos. Incluso
cuando no se juega al fútbol, se habla de fútbol. Cuando no hay noticias se
inventan. Cuando no queda imaginación, se repite. Se engrandece cada detalle;
en una uña de Ronaldo caben Olimpiadas enteras. Una vez más se demuestra que
para que algo se convierta en importante sólo hay que darle importancia.
Algunos otros deportes consiguen repartirse los breves. Y
otros necesitan alguna acción espectacular para lograr llamar la atención de
los becarios que buscan la causa última de las náuseas de Messi.
Uno de los deportes apenas consigue un hueco es el
atletismo. Sólo se habla de él cuando la información la encabezan records o
medallas o cuando se descubre a un tramposo. En el primer caso la información
suele ser tan rápida como los velocistas; en el segundo, tengan o no castigo,
está claro que las trampas no son una buena inyección de publicidad. Así que
incluso atletas con mucho talento, incluso si obtienen importantes resultados,
son casi completamente desconocidos. Ni siquiera los numerosísimos corredores
que en la actualidad atascan los parques saben mucho del tema.
Eso ocurre, por ejemplo, con Víctor García, olímpico,
campeón de España, medalla de bronce, casi oro, en el europeo de Helsinki, gran
talento que no recibe un gran reconocimiento. Aunque es cierto que quizá no lo
eche mucho en falta: lo más importante que es la satisfacción, la alegría, el
orgullo propio, compartido todo con quienes son más importantes, quienes sí que
lo valoran por lo que vale, eso ya lo tiene. Y lo tranquilo que vive sin acosos
en persona, ni en redes sociales
Como en el atletismo es más difícil aún conseguir dinero que
fama, Víctor cuando no entrena, trabaja y emprende. Entre otras actividades
dirige entrenos en el Retiro para aficionados a esto del correr. Siguiendo sus
instrucciones, un variado grupo, cada uno con sus condiciones, su nivel, sus
objetivos…y es que el correr popular permite muchas formas de triunfo que no
tienen nada que ver con la competencia. Uno de ellos, desde hace apenas un mes,
soy yo.
Para valorar a Víctor en esta actividad, diré sólo que en
seguida uno aprecia la alta estima en que todos los miembros del grupo tienen a
su líder. O mejor a sus líderes, pues junto a Víctor está Rocío. Ellos pisan
juntos por la vida; por supuesto con mucha técnica y estilo. Y si poco se tarda
en apreciar esta estima, no mucho más tiempo se necesita para comprender porque
existe. Así que no es raro que cuando Víctor compite, su grupo de entreno se
convierta en fiel y apasionada hinchada, orgullosa de su capitán. Eso ocurrirá
esta semana, la del Campeonato de Europa de Zúrich.
Víctor, pese a mi gran experiencia atlética (yo veía a
Domingo Ramón cuando aún no habías nacido, es un hecho), no voy a darte
consejos. No creo que sea necesario, confío en tu habilidad táctica. Sé que
repetirás, primero en las series luego en la final, la misma actitud mostrada en los campeonatos
de España o en los europeos de Helsinki. Siempre delante, atento, vigilante,
respondiendo a los ataques. Demostrándote a ti mismo, y anunciando a los rivales, que te sientes
capaz, que tienes confianza, y estás decidido a darlo todo para conseguir tú
propósito. Los rivales, que deben correr con la tensión de tener que fugarse
antes de que lleguen los últimos metros, porque si aún te sienten cerca al final
saben que te verán marchar.
Si intentándolo de esa manera no llegará el resultado
esperado, sí, quedará un sabor amargo una temporada, pero es difícil que haya
un lamento prolongado y menos aún remordimiento. Y los cercanos, los que te
conocen bien, no van a cambiar nada aunque no llegará el éxito. Para ellos no
es cosa de un día, menos aún sí en esa fecha tan señalada actúas en armonía con
esa manera de hacer que hasta allí te ha llevado, ese arte.
Pero estoy convencido que esta vez el resultado va a ser el
mejor posible. Que te veremos en la meta, indicando cuál es tú puesto, el uno. Y
tú alegría va a ser compartida por muchos.
Así que ¡¡go, go, go Víctor!! ¡¡Vamos entrenador!!
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