domingo, 24 de agosto de 2014

Crónicas de un maratoniano II- El plan

Necesito un plan. Eso se plantea cualquier maratoniano tras haber elegido objetivo. La estrategia, compuesta de decenas de variadas sesiones de entreno, que le lleve al éxito.
En algo que se emprende por ilusión, como ocurre con la maratón, lo normal es soñar. Y nuestros sueños tienden a ser ambiciosos por mucho que nuestros razonamientos sean prudentes. Esas ensoñaciones, unidas a la autoestima aumentada por tener el valor de afrontar tan bello y exigente reto, permiten alcanzar estados de euforia.
Con ese subidón deportivo, a alguien de mi generación, muy influido por películas épicas como Rocky, Karate Kid…pues es normal que le dé por pensar, “venga, que me pongan por delante 20 kilómetros, luego unas series de 3000, y después unas cuestas pindias, pero pindias pindias, pindias de verdad, que me lo hago todo. Para empezar, luego ya vamos incrementando según se vaya acercando la fecha”.
Afortunadamente este ataque de inocente y hermosa insensatez no suele durar mucho. O bien alguien cercano, con más experiencia, nos hace ver la realidad o nuestro propio cuerpo nos pone en nuestro lugar, dejándonos claro que si el cerebro se quiere volver loco muy bien, pero que con él no contemos.
Ese entusiasmo es bonito y muy valioso. Ese deseo de esforzarse, de luchar por algo que nos gusta, nos va a ayudar no sólo con el entreno, sino en general a sentirnos mejor. Pero hay que tener cuidado de que no se consuma muy pronto. Si nos pasamos en cuanto a dificultad, tiempo dedicado y renuncias autoimpuestas, es posible que quememos nuestro mejor combustible convirtiendo algo que nos debería hacer disfrutar en una carga difícil de llevar. Mejor procurar conservar y dosificar ese entusiasmo para que sea una pócima milagrosa en los momentos más duros. Al menos yo tengo que guardarlo, porque si se me acaba no sé cuándo volverá a reaparecer. Los que tienen un entusiasmo perenne no necesitarán eso. Qué suerte tienen los condenaos.  
Así que con sensatez hay que buscar un plan. Un plan adecuado a nuestras capacidades, nuestro tiempo y lo que pretendemos alcanzar. Es posible que cuando estemos planteándonos que es necesario para conseguir lo que queremos, descubramos que debemos rebajar nuestras metas porque ningún plan asumible nos va a permitir obtener el resultado soñado. Bueno, eso no debe frustrarnos. Claro que hay imposibles aunque la publicidad deportiva se niegue a admitirlo, pero también hay muchas logros que creemos inalcanzables pero sólo lo son en el presente. Hacer posible en el momento elegido lo que ahora no lo es debe ser el propósito. La medida más importante del resultado no se hará en tiempo, sino en esfuerzo, superación y emociones.
En estos tiempos buscar suele significar googlear. Pero eso en este caso es peligroso, sobre todo para los debutantes. Primero porque muchos planes que circulan por la red me parecen completamente exagerados. Garantizan resultados si uno no se lesiona gravemente o desfallece en el intento. Segundo porque en esto como en casi todo no hay soluciones universales sino opciones individuales. Y tercero porque si uno se pone a mirar todos los artículos de revistas, páginas de “expertos”, y no digamos ya blogs de corredores, que hablan de cómo preparar un maratón, lo que puede conseguir es mayor confusión, preocupación, y una obsesión por los detalles de muy malas consecuencias.
Así que lo mejor es encontrar en quien confiar. Un buen entrenador o en su defecto guerreros curtidos en muchas batallas kilométricas, que puedan marcarnos el camino, y con los que podamos tener comunicación continuada para ir adaptando el programa a los imprevistos que vayan surgiendo.

Qué el entrenador que controla tu plan sea un atleta de élite, actual campeón de España, y además muy cercano y atento en lo personal, mala opción no parece. 

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