miércoles, 11 de febrero de 2015

El correr sostenible

Llegar a meta, consiguiendo lo que te habías propuesto, por lo que tanto luchaste, escuchando gritos y aplausos que tienen o no un destinatario, pero que a todos sirven, a ti y a todos los que contigo terminan, a todos los que corren a tú lado y también triunfan, compañeros de aventura que suelen ser muchos, pero por muchos que sean tú te sientes protagonista único, héroe de tu historia, tu propia gran historia de lucha y triunfo.
Vivir esos momentos supone una satisfacción tremenda. Momentos que se guardan intactos en la memoria, y se pueden emplear cientos de veces para recuperar las fuerzas y el ánimo, que se convierten en un “tú sí puedes” que sale desde dentro lleno de convicción.
Vivir esos momentos: fantástico. Recordarlos: toda una ayuda. Pero lo más importante que he logrado al correr no son esos logros. Ellos no son los que de modo constante influyen en mi ánimo, en mi voluntad, en mi actitud general, en la forma en la que me enfrento a lo que me sucede, en la forma en la que vivo.
Lo que causa efecto es el hábito, el vicio saludable, la agradable disciplina de correr habitualmente. El esfuerzo continuado dirigido a metas que se van renovando, luchar por objetivos que haya o no éxito se suceden. Es la entrega y el disfrute, el salir derrotado y volver victorioso, es la libertad y el sentirte atado a algo que te eleva.
Es correr con continuidad lo que me ayuda y me hace bien, y es lo que no quiero perder. Y no quiero pensar una fecha, ni siquiera lejana, en que lo pueda perder.
Es por eso, por mi deseo de que correr sea una actividad que pueda practicar con continuidad y frecuencia, por lo que deseo conseguir un correr sostenible. Una forma de continuar con esta afición de manera segura y a la vez intensa, puesto que sin esa intensidad las sensaciones y las emociones reducirían mucho su volumen y color.  Una manera de practicarla que ocasione el menor número posible de interrupciones forzosas, y que consiga que las que tenga que aceptar no sean prolongadas, y, sobre todo, que no haya ninguna definitiva.
Es por eso por lo que cumpliré mis mandamientos, y por lo que debo buscar todos los buenos consejos posibles. Se trata no sólo de seguir, sino de que el disfrute se mantenga, que la experiencia sea siempre tan positiva. Prevenir lesiones, renovar las ilusiones, mantener y si es posible aumentar los amigos, los compañeros, los aliados…esos y otros con el mismo fin serán los retos principales que me permitan llegar a las metas. Metas que son excusas, invenciones,  cuando lo que de verdad se pretende es que no haya final.
Quiero llegar a viejito lento pero firme, frágil pero poderoso, siendo capaz aún de vivir momentos de triunfo, no importa que sea cuando casi todos ya se hayan ido. Quedará, al menos, un aplauso muy importante, el que surge en el interior, y ese lo escucharé aunque ya no esté muy bien del oído. 

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