domingo, 26 de abril de 2015

Maratón de Madrid 2015

"Si quieres correr, corre una milla. Si quieres experimentar una vida diferente, corre maratones”. Emil Zátopek.
Sí, el maratón es mucho más una experiencia vital de la que se aprende que una prueba atlética. Y si lo es para un atleta de élite como era Zátopek, mucho más para un corredor popular.
Los corredores populares, creo, a veces cometemos el error de resumir demasiado el valor de lo conseguido en una sola cifra: el tiempo en meta. Entrenamos pensando en una marca y si se logra es éxito, sino fracaso.
Si eso ya es un resumen demasiado pobre en otras pruebas, en la maratón puede llegar a ser completamente equivocado, incluso absurdo. Hay muchísimas circunstancias que pueden influir en el resultado final de un maratón, y un importante porcentaje de ellas, escapan de nuestro control.
Circunstancias como el otro tiempo, el climatológico. Puede que ocurra como ha sucedido en el maratón de Madrid, que el tiempo de ese día sea todo lo contrario al tiempo que uno desea.
Pero como muchas veces pasa, cuando no se cumple lo que uno desea resulta que sucede algo mucho mejor. Y es que en un día desagradable, completamente inapropiado para conseguir marcas objetivo, uno puede llegar a sentir una satisfacción muy superior a la que hubiera experimentado si se hubiera cumplido lo que había soñado.
Y es que el corredor popular, el que corre en menos de tres horas o el que lo hace en cinco, mujer u hombre, joven debutante o experimentado veterano, ese día se sabe héroe, se siente héroe. Porque ese día sabe que, por si no fuera ya bastante con 42 kilómetros, 195 metros, por si no fuera suficiente con el complicado recorrido de Madrid, además tiene que vencer condiciones muy desfavorables. Condiciones que le dejan frío, que le provocan problemas musculares, que inundan sus zapatillas, que convierten su ligera ropa en pesada armadura.
Duras condiciones, que provocan duras sensaciones. El cuerpo se duele, la mente recibe multitud de quejas. Y sin embargo…Sin embargo el corredor popular en medio de todo eso puede sonreír. Esa sonrisa puede parecerle tan misteriosa como la de La Gioconda a un espectador. ¿Puede ser que el corredor popular sea masoquista? No, no es eso. Los que nos hemos visto en otras parecidas lo sabemos.
El corredor sonríe porque su felicidad está en un plano más elevado que el de las sensaciones. El corredor siente que está venciendo su batalla, el corredor siente que se ha ganado cada uno de los aplausos que el público brinda. El corredor sabe que está venciendo su voluntad, que cada paso, difícil y dolorido, que da es una demostración de fuerza y de libertad. El corredor se siente transformado, elevado. Siendo tan frágil, tan débil en ese momento, se siente más poderoso que nunca.
Probablemente no lo sepa en ese momento, pero el corredor está también viviendo una experiencia de gran riqueza. De ella va a aprender que el mérito es algo muy subjetivo y muy circunstancial. Qué la marca no cuenta la historia. Que sólo él sabe lo que le ha costado y por ello el valor que tiene.
Esa experiencia tan intensa, tan contraria a lo que había querido imaginar, se va a clavar en la memoria. Y desde allí va a hacer muchísimo bien. Va a poder invocarla cientos de veces en el futuro, y cuando las cosas se pongan más complicadas de lo que uno esperaba, cuando todo parezca en contra, ese recuerdo imborrable le va a decir: “Sí, puedes”. Y se lo va a decir con una capacidad de convicción tremenda.
Enhorabuena a todos los héroes que hoy habéis vencido al maratón. Descansad satisfechos. Habéis triunfado. Y habéis ganado mucho más de lo que ahora imagináis.

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