Correr un riesgo es intentar conseguir algo poco probable y que puede originar una pérdida. Es algo necesario si se desea obtener una ganancia extraordinaria, si se desea mejorar mucho de estado o cambiar por completo la situación en la que uno se encuentra. Correr con riesgo es algo muy parecido.
En concreto, correr con riesgo una media maratón de asfalto es intentar alcanzar el límite personal sin estar muy seguro de hasta donde se podrá aguantar.
Hoy yo he corrido con riesgo, tentado por una gran oportunidad. Un circuito llano, unas temperatura ideal, sin sol...Por supuesto con humedad y algo de brisa, pero que no se diera eso corriendo al lado del mar es tan imposible como encontrar a un directivo de la FIFA no corrupto.
Así que ahí fuimos, a correr rápido desde el principio. Y fue perfecto hasta la mitad, con buenas sensaciones y sólo forzando en un par de ocasiones para meterse en grupos buenos. Pero, el grupo en el que iba aceleró y yo acusé el golpe de verlos marchar, quedarme sólo, y saber que quedan 10 km por delante.
A partir de ahí un poquito de sufrimiento, pero la experiencia en las maratones ayuda a mantener la cabeza firme y el ritmo decente.
Al final la apuesta no salió del todo exitosa, pero sí hubo ganancias: un intento serio de lograr una marca que no estuvo tan lejana, una buena marca (1:38), muchos momentos disfrutando de correr a gusto, y una nueva experiencia de la que aprender.
Ahora creo que toca pensar ya en la conquista de Berlín.
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