Ya se está allí. Mentalmente ya se está allí muchas veces al
día. Y cuanto más se acerca la fecha más tiempo se está allí. En las
calles Madrid, el día 24, corriendo la maratón.
No importa que sea la primera o ya se lleven muchas. Los
nervios que produce la anticipación son muy similares. La diferencia está en
que el novato imagina los temores y las esperadas alegrías de manera imprecisa,
al no haberlos vivido aún y concebirlos partiendo de lo que otros han contado.
El muro, el dolor en los últimos kilómetros, los pensamientos negativos o lo que
se siente al llegar en meta, ¿Cómo serán, cómo responderemos nosotros? Quien ya
tiene experiencia, puede dibujar cada situación de manera más clara y detallada
sirviéndose de la memoria. Y sin embargo no por ello se siente tranquilo. Creo
que sobre todo, porque no sabe cómo se vivirá esa vez en concreto. El cansancio
puede ser distinto, más intenso, más difícil de superar. Pueden aparecer ideas
o sensaciones nuevas que nos paralicen o nos propulsen. Y la alegría, que
aparecera si se cumple lo deseado, no será la misma. La llegada a meta nunca
puede ser igual, porque es el final de una historia que cada vez es diferente.
No puede haber dos historias de maratón iguales. Es imposible. Son historias
largas, de meses, e incluso de años. Y muy personales, muy íntimas. En ellas
hay problemas, dudas, aprendizajes, gente y muchas emociones. Sólo el corredor
sabe lo que ha pasado, lo que ha sufrido, lo que ha disfrutado, el valor de su
mérito, lo que le ha motivado. Todo lo que ha acumulado está allí cuando está
llegando. Quizá el corredor no recuerde la historia completa en ese momento,
porque uno está demasiado cansado para crear una película mental. Pero todo está
ahí, dentro. Y explota cuando ve la meta. Algunos contendrán el estallido casi
por completo en su interior, otros mostrarán claramente sus efectos, pero todos
lo sentirán.
Hay tanto que pensar, que preguntarse, que imaginar. Tanto
incontrolable, como si lloverá o hará un día de calor. Dudas como si esa
pequeña molestia que uno siente a veces no dará guerra ese día, que ya sería
mala suerte. ¿Qué ritmo me irá bien? ¿Tendré la resistencia suficiente? Debo
ser prudente. No debo ser demasiado prudente. Cuando llegué el cansancio
pensaré, vamos tienes que seguir, tienes que hacerlo, por ti y por…Ya me veo entrando
en el paseo de coches. Miro el gps y el tiempo que marca es…¿Vendrá a verme…?
Se lo dedicaré a… Qué alegría se llevará…Al primero que quiero dar un abrazo es…
Ya estamos allí. No podemos evitarlo. Si usted tiene un
maratoniano cerca debe saber que en las próximas dos semanas va a estar cada
vez más insoportable. Sea comprensivo.Si usted va a correr el maratón, trate de conservar la calma, y descubra la belleza de no conseguirlo.
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